lunes, 28 de diciembre de 2009

Dragonez y mazmorraz II : El Reencuentro (Humilde homenaje al gran Terry Pratchett)

El viaje había transcurrido sin incidentes dignos de mención (una tribu de trolls y una docenita de gigantes no llegaban ni a la categoría de anécdota). Satán abría la marcha con el ímpetu de un colegial. Squee volvía a oler a goblin. Eiran el semielfo disfrutaba del paisaje que la mayor parte del tiempo componía la escultural elfa oscura que los sobrevolaba.
Los cuatro amigos se aproximaban a la Montaña de los Cinco Dedos, hogar de Maymir y ancestral santuario de los enanos. Los cinco picos que remataban la cumbre dibujaban una imagen sagrada para la Gente Pequeña. Casi podían verse los dioses. El problema era que esta “visión” era compartida por orcos, goblins, humanos y en general, por todas las razas donde manden los señores de capirote en la cabeza y el credo de “a mi dios rogando y con el mazo dando”.
Tras siglos de sangrientas guerras, un avispado rey enano decidió que no era necesario defender la montaña con un ejército sino con un único “héroe”, Maymir que aunque no pudiera considerarse como tal, tenía fragua, probetas y libros que eran auténticas armas de destrucción masiva. El rey enano consideró que era más práctico trasladar el reino que reconstruirlo cada mes y los sacerdotes comprendieron eso de “bueno hijo, Dios está en todas partes y seguro que comprenderá que recemos donde no corramos el riesgo de que nos pongan en órbita”.

Por el tamaño de la puerta nadie diría que era la residencia de un enano. Labrada en roca viva, de doble hoja y seis metros de alto, resultaría amenazadora si no fuera porque parecía encargada por catálogo. Disponía de picaporte, dos grandes llamadores, cerradura para una llave muy manejable entre cuatro personas y trampilla para gatos (o en su defecto, tigres). Completaba el conjunto un buzón de correos a juego con pinta de aburrido.
- ¡Vaya par de aldabas!
- ¡Eiran! Si vuelves a mirarme el escote, te convierto en comida para peces...

La amenaza no era vacía. Los elfos oscuros conformaban la raza más temperamental, poderosa y en la mayoría de los casos, malvada de todo el Impero Ágata, sobretodo las mujeres y especialmente las hechiceras. Pero en la cima de esa pirámide de peligrosidad, se encontraban las sumas sacerdotisas de Damalis diosa de la magia y la castración preventiva. Yhagira no sólo era su mejor exponente, sino también el más explosivo. Sus ojos podían hacer que un iceberg se licuase de puro miedo.
El problema es que nadie la miraba a los ojos...

- Pero si esta vez yo me refería a...
- Venga, dejad de dizcutir. Eiran, compórtate y tú, princeza, no te tomez todo tan a pecho...
- ¡¡¡Squee!!!

Unos Pasos como los de una montaña precedieron a la apertura de la puerta. La voz que resonaba desde el umbral parecía sacada de una lucha entre placas tectónicas.

- BUENAS TARDES, CABALLEROS. ¿A QUÍENES DEBO EL PLACER DE ANUNCIAR?

El tono, el acento, el chaleco, la pajarita…el primer premio en el XIII Congreso Anual de Mayordomos de Isla Lluviosa*. El hecho de que se tratara de un golem de tres toneladas sugería que su victoria en el concurso fue…APLASTANTE.

- ¿TENDRIAN LA BONDAD DE ESPERAR EN LA SALITA MIENTRAS AVISO A MILORD? HAY JEREZ EN EL APARADOR, ENSEGUIDA TRAIGO EL TÉ Y LAS PASTAS.

Hace muchos años, Satán y sus amigos descubrieron una civilización perdida de gigantes de dos cabezas que se alimentaban a base de coles de Truselas. Durante otra de sus aventuras, se enfrentaron a una lunática secta de magos fotositéticos…nada, nada tan sorprendente como el hecho de que alguien (o algo), se refiera a Maymir con el término “MILORD”.
“Milord” apareció poco después en la figura de un enano. A decir verdad, Maymir de enano sólo tenía la estatura, la familia y la predilección por la ropa interior blindada. El resto, no tenía nada que ver con los modelos de las iconografías que solían aparecer en la portada de grimorios por fascículos del tipo “Hachas y ballestas” o “Tododacero”.
Para empezar, era tan delgado como un elfo y la bata blanca que vestía no tenía ni un solo remache de metal**. Los cuatro pelos de su cara no se podían definir como barbas, si no como supervivientes. Heroicos folículos pilosos que habían sobrevivido a varios siglos de explosiones y ataques químicos de toda índole. Remataba el conjunto un extraño casco que tenia por penacho multitud de brazos articulados terminados en lentes de todos los tamaños y colores.

- ¡Satán, amigo mío, dame esa pezuña! Por cierto, tengo un nuevo prototipo de herraduras a base de tripa de arañas que...oh, si también ha venido la joven Squee ¡Vaya! Todavía no has pegado el estirón. Tranquila todo llegará...

Maymir llevaba razón…en parte. Todos y cada uno de los presentes, como mínimo, triplicaban la edad del goblin. Y no es que el enano vea especialmente mal, sobretodo cuando lleva esos extraños cristales delante de los ojos.
Lo que ocurrió fue que cuando se conocieron, hace más de seis décadas, Maymir utilizó a Squee como conejillo de indias. Era un experimento a partir de pequeños trocitos de la gente, para determinar su raza, edad y sexo. Un pelo de la nariz de Squee y varias vueltas de tubo de ensayo dieron como resultado una explosión medible en megatones y un árbol genealógico muy particular. Para el entusiasta enano, Squee era sin ningún género de duda, la heredera del trono de Ymir, patria potestad de los gigantes de las tormentas. Y Lo trataba como tal. A pesar de las protestas del goblin, Maimyr aun seguía esperando que creciera. Continuaba ofreciéndole papillas.

- Esto hay que celebrarlo. Bautista, trae el grog. Lo destilo yo mismo, ya veréis, hace que te crezca pelo en las orejas. ¿Y qué os ha traído hasta aquí? Contarme ¿Qué planes tenéis? Llevo décadas que sólo hablo con las piedras...
- No me eztraña...

La velada fue magnífica. Cenaron pastel de riñones y cordero a la menta por obra y desgracia del golem. Lo regaron con litros de grog hasta que sus hígados izaron bandera blanca. No faltaron ni las demostraciones de exaltación de la amistad (alguna de las cuales terminó con una sonora bofetada) ni los bailes regionales. Como en los viejos tiempos...

- MILORD, ACABA DE LLEGAR UNA CARTA.
- Unaah tarta, ¡qué ilusión! Traeg Bautista que yo...
- ¿A qué zabe...?
- Es de mi sobrino Agrajo, mi único pariente. Vive en el Continente Retorcido. Oh, por las piedras...
- ¿Tan mala eztá?
- Pide ayuda. Dice que su reino ha sido atacado por un gigantesco dragón de cinco cabezas, que ha raptado a todas las vírgenes del reino y si no le dan todo el oro amenaza con comérselas, a las dos. Hey, chicos tenemos que ir a ayudarle.
- Maymir, lo de dragón gigantezco...¿Ze ezcribe con nata o con vainilla?



* Isla Lluviosa es un extraño fenómeno dentro del Imperio Ágata. Hace frío, llueve siempre que no hay niebla, se hace todo siempre al revés, desde hablar hasta conducir una carreta y su gastronomía se utiliza como instrumento de tortura. Paradójicamente todos los nobles del continente consideran muy chic su deporte nacional, eso de tomarse agua hervida y mirar por encima del hombro. Incluso envían a sus hijos todos los veranos a aprender sus costumbres. Hay quien lo ve como un maquiavélico método de control de natalidad.

** La bata de Maymir era muchas cosas. Los años que había pasado bajo la influencia de la magia y el ácido clorhídrico la habían forzado a evolucionar. Cada fibrilla tenía tonalidad y vida propia (con familia, trabajo, hipoteca y todo). En conjunto era blanca por decisión democrática. Nadie sabía porqué los martes amanecía fucsia.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Dragonez y mazmorraz

El viento corta unas calles medio desiertas. Los mercados, están vacíos. Las forjas, están apagadas. Los contrabandistas, los ladrones, las prostitutas…hoy, no trabajan. En el puerto, reinan las gaviotas. Su algarabía habitual ha cambiado de barrio. Porque hoy, los humanos, elfos, enanos, orcos y demás habitantes de Yarkon, rugen en el auténtico corazón de la capital, la arena de gladiadores.
La vida del decadente imperio Ágata late por la sangre que riega el coso, donde hombres y bestias rinden homenaje a su nuevo y ambicioso líder.
El clamor de cien mil gargantas alcanzan su paroxismo cuando la cabeza de un ogro rueda. Su cuerpo sin vida permanece unos instantes en pie, como si se preguntara que se le ha perdido. Su verdugo, un semielfo de melena cobriza, clava sus espadas en la arena, y con gesto altanero, saca una pequeña flauta de madera. La melodía acompasa los gritos de una multitud que reclama la presencia de su auténtico adalid.

Mientras, varios metros por debajo, ajeno al estruendo y la matanza, una poderosa sombra contempla su destino en forma de armadura. Forjada en galvorn negro, con su mágicos destellos rojizos, parece la obra de un excéntrico maestro enano, o tal vez, estar hecha a la medida de una criatura muy particular. En realidad, es ambas cosas.

A un lado, reposa Arkandiburg, el colosal tridente que creó un mito, el mito de Satán, hijo de Kazán, campeón de gladiadores.
Satán el mestizo, nacido del sorprendente amor entre un guerrero minotauro y una sacerdotisa centaura, es mucho más que la suma de una poderosa herencia.
El gladiador sostiene un yelmo que encaja a la perfección en su astada cabeza. Sin alzar la vista de sus manos, habla a la penumbra reinante.
- Bien hallado, Squee.
Una silueta verdosa que no alcanza el metro de estatura se perfila ante el tenue resplandor de las antorchas.
- Por laz barbaz, Zatan ¿Cómo me haz oído? Debo eztar haciéndome viejo…
- Eres viejo Squee…
La premisa es más que correcta. A sus casi setenta años, el goblin ha cuadruplicado la esperanza de vida de su violenta raza. La causa de tan inusual longevidad radica en su inteligencia. En todo el imperio, se cuentan con una mano quienes se pueden medir con ella, o con sus dagas…
- Aun azí…
- Tus ropas. Llevan perfume.
- Oh, ez verdad…malditaz ezpozaz…laz zacaz de laz cuevaz, laz cubrez de riquezaz y te lo devuelven ¡Obligándote a veztir zedaz y oler a elfo! Ya no zé ni que zoy…Por laz barbaz, Zatán y ezo que niziquiera existe en mi idioma la palabra “achaquez”, o “calzonazoz”…
- Bueno, lo suplís con catorce formas para definir “asesinato”…
- ¡Ja! Ezo loz incultoz. Yo conozco zezenta y ziete.
Las sonrisas de vieja camaradería abren paso a un gesto mas serio.
- ¿Qué haces aquí?
- Zaber por que diabloz no te haz marchado ya
- No pienso huir. Éste es mi sitio.
- El joven emperador te odia. Ez razizta, megalómano y cruel. No ez como zu padre.
- No le temo ni a él, ni a sus gigantes.
- No ez el camino del colizeo el que te azuzta.
- ¿Qué quieres decir?
- Lo que te da miedo ez vivir, tu propia vida. Zalir de ezta cárcel de arena y zangre que haz creado para dezahogar tu furia. Una furia hecha de haztío y dezezperación.
- ¿Y qué me puede ofrecer el mundo, eh?…está plagado de estúpidos ignorantes que no ven más allá del arado que les precede. Mírame a los ojos dime que no es verdad ¡Mírame!
- Lo ziento amigo, no traje la ezcalera.
- ¡Hablo en serio!
- ¿Y qué ezperaz? Erez un maldito caballo, con torzo humano, cabeza de minotauro y cazi cuatro metroz de altura…no pretenderáz que laz niñaz te traigan florez y loz niñoz se zuban a tu lomo y te digan: “¡Arre caballito con cuernoz!…”
- Prefiero sus aplausos a que huyan de mí.
- ¿Y zi noz vamoz? Ahora mizmo. De aventuraz, como en loz viejoz tiempoz…
- ¿Aventuras?
- Cazar dragonez, zaquear temploz… lo de ziempre.
- ¿Tú y yo?
- En realidad, “orejitaz” y el condenado bardo noz ezperan fuera…
- Cómo te odio Squee…
- No ezperaba menoz, amigo, no ezperaba menoz…

El fulgor vespertino de dos soles gemelos cubre el valle cuando los dos amigos coronan la colina que domina la ciudad. Abre la marcha el goblin que va dando rienda suelta a la fogosidad de su jabalí de guerra. Para Satán, galopar es algo más que una catarsis.
En un recodo del camino, esperan dos jinetes.
El más alto, es el conocido semielfo de cabellos rojizos. Viste una armadura de cuero con edad suficiente para haber visto caer varias civilizaciones y una capa que cambia de color a cada golpe de vista. Monta un nervioso alazán negro donde trasporta un arco y un carcaj, en apariencia vacío.
Su compañera, de ojos ambarinos y piel olivácea, es una elfa oscura. Su vestido blanco, a juego con su cabello, la distingue como sacerdotisa de Damalis, diosa de la magia. Porta como única arma, un báculo de ébano y marfil rematado por una esmeralda del tamaño de un puño. Su cabalgadura no desdice ni un ápice su poder. Es un majestuoso grifo.
- ¿Aún montas cerdos Squee? Creía que tuz “ezpozaz” te lo habían prohibido…
- Muy graciozo Eiran, muy graciozo, pero que zepaz que el gran Gork IV ez un mágnífico ejemplar digno de una cazta de…
- No estamos aquí para debatir sobre genealogías porcinas. Vámonos ya, odio volar de noche.
Resulta difícil de creer como una voz tan dulce puede ser a la vez ser tan peligrosa.
Las miradas se centran en Satán, el gladiador busca respuestas en las estrellas que oculta el ocaso.
- Al norte, a las montañas. Hay un viejo enano al que quisiera saludar, además, necesito herraduras nuevas…
- ¿Maimyr? Con zuz experimentoz y zu incontinencia verbal…por laz barbaz, Zatán, hubiera preferido dragonez…
Satán sonríe, ya están en marcha.
- Dime Squee…¿Crees que ese niñato engreído nos perseguirá?
Un brillo dorado irrumpe en la conversación.
- Oh zí, ezo ezpero. Zi no, no zé cómo vamoz a devolverle zu corona…

lunes, 16 de noviembre de 2009

Sabiduría

El soldado no tiene ninguna posibilidad. Resbalar, cuando luchas desde una posición inferior, es una sentencia de muerte. El filo de una naginata milenaria le atraviesa la garganta, dejando por últimas palabras un gorgoteo sanguinolento. Su cuerpo rueda por las marmóreas escaleras, distrayendo por un instante, a los que le siguen. Una eternidad para un luchador experto. En un movimiento, otro sudario en la noche.
Dos muecas de sorpresa rebotan hasta sus aterrados compañeros.
El látigo de un oficial hace subir la siguiente oleada. Marchan cautos, tras la masacre que acababan de presenciar. El oro prometido ha dejado de ser un incentivo. La sombra que recorta la furibunda tormenta, ha dejado de ser sólo una mujer.
Unos metros más arriba, a la entrada del templo de los Siete Padres, espera, con su armadura de combate y una sonrisa en los labios, un último guerrero. La leyenda de la ciudad roja. La Reina.
Su rostro, impasible, se ríe de la vanidad de su enemigo. Ha prohibido las flechas en un intento de capturarla con vida.
-“Ya dormiré mañana”- murmura con cada golpe, mientras siega vidas con la fuerza de la desesperación, ajena a un cansancio de unos músculos que llevan más de tres décadas de agotador entrenamiento.
No hay rastro de temor o de duda. No en ella. Ningún vestigio de piedad. No en ella. No en La Reina.
Un breve respiro. Una pequeña oración por sus camaradas caídos.
El gigantesco Ta, la montaña de las hachas gemelas, ha sucumbido tras una treintena de heridas, riendo, como siempre, tras romper el cuello, con las manos desnudas, de sus dos verdugos.
A su lado, yacen los gemelos Yang. Luchaban con las manos izquierdas entrelazadas, con la armonía surgida de la fusión de sus almas. Las docenas de cadáveres a sus pies dan fe de su destreza.
A los pies de la Reina, descansa Ikki, el taciturno. Arpista y arquero de cabellos argénteos. Su rostro refleja la sonrisa que por años vetó la lealtad… hacia un amor imposible.
Por último, en el corazón del ejercito enemigo, rodeada por los despojos de la flor y nata rival, reposa Ashira, la Rosa negra, la Hija del viento. La más bella, la más letal. Su daga de pedrería había atravesado las filas del ejército traidor, en busca de su líder. Cuando víctima y verdugo cruzaron sus miradas, la Rosa vaciló. Su error intercambió sus papeles.
El aullido de una bestia lejana marca la llegada de la aurora. La mortecina luz del alba avanza despacio por el valle, como si temiera descubrir el horror de la matanza. Los rayos rojizos se detienen ante la colina de Los Antepasados, donde, al final de sus setecientos setenta y siete escalones, tragedia y noche esbozan su epílogo.
La Reina se despoja de su armadura. Su hombro izquierdo sangra. Ya no importa.
Un hombre de armadura escarlata asciende. A su paso, los soldados se arrodillan. Es su Némesis.
-“Hola, hermanita” - Una máscara oculta su sardónica sonrisa.
- “Nunca escuchaste las enseñanzas de Padre, Kusemono” - Más aullidos. Las alimañas saciarán pronto.
-“Ven, soy tu hermano. Rinde tu hoja y te dejaré marchar. Al exilio. Podrás lamer las heridas de tu joven cachorro, y de su banda”.
-“Kusemono, tienes mucho que aprender. Aún no eres rey”.
El ataque es casi perfecto. La maniobra, conocida como “la serpiente que camina”, siempre es mortal, en un sentido u otro. Casi perfecto. La Naginata real roza el costado de su adversario, y queda atrapada por su brazo. La katana es más afortunada. Atraviesa el abdomen de la Reina hasta la empuñadura, dejando sus cuerpos entrelazados en un fraterno y mortal abrazo.
-“Hermano...¿recuerdas? Nunca, luches donde quiera tu enemigo.
Nunca, luches como quiera tu enemigo
Y sobretodo, nunca celebres la victoria con tu enemigo, sino sobre él.”
Kusemono siente frío. El violento despertar de un sueño. Los lobos no aúllan al amanecer.
Retrocede un par de temblorosos pasos. Se quita el yelmo. Ya sabe que su ejercito, agotado y en mala posición, está perdido. Mira a su hermana, y al templo que defiende, como por primera vez. En sus ojos no hay rencor. Hace un gesto de sincero acercamiento. Nunca lo concluye. El fango y la sangre del suelo abren sus manos para recibir su agonía. La muerte llega antes.
La Reina reza. Reza por él, con una daga ensangrentada aún en la mano.
-“Te creías sabio, hermano...pero sólo fuiste inteligente.”

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Aquí estoy, sigo vivo

Voy, viviendo y disfrutando,
mando a la mierda el mañana,
al ayer, por la ventana,
hoy por hoy sigo fumando.

¿Mundo? Ni sé, ni me importa,
¿Soy malo?¿amoral, tal vez?
Bendita mi estupidez,
Que ni por dioses se corta.

Nunca, doblo las campanas,
no me arrastro, ni por Eva
la fe, para mí, una ameba,
amo el jamón, no manzanas.

¿Hay que morir? Moriremos...
Prefiero ser ¿Sólo estar?
¿Parecer? ¿Sólo soñar?
¿Hay que vivir? Viviremos...

Cuando llegue al cementerio,
no quiero llantos por mí,
porque amé, viví y sentí
todo menos cautiverio.

domingo, 19 de julio de 2009

No son juegos, son palabras

Dormido, sumido, busco perdido,
ojos, mis faros, tu luz ¿A dónde voy?
Ni Nobel ambiciono, ni novel soy,
de un Domingo lívido sin libido,
esperando que llegues, esperanza ¿Hoy?

Soñar es gratis, razonar es caro,
¿El amor? amargo ¿Verso? perverso,
fábula de tenebroso reverso,
utopía sin dolor de un disparo,
en tu universo, mi grito, disperso…

Mortal mujer de amor amortajado,
ilusión que a la sinrazón responde,
musa que vetas mis alfas, mis betas,
usurera de metas sin pesetas,
solista de arrebato equivocado,
acróstico que busca lo que esconde.

viernes, 3 de julio de 2009

Y yo me pregunto...

¿Dónde fueron los Abriles,
que despertaron el sueño,
que jugaba a ser Aquiles,
entre delirios febriles,
de mi corazón sin dueño?

¿Dónde huyeron las Razones,
que dibujaron mi mente,
entre besos y dragones,
quedando, sólo jirones,
sólo pan, sólo excipiente?

domingo, 7 de junio de 2009

La canción del corazón disfrazado

De Custer, de su caballo,
de perezoso sin sueño,
de mancha de carmín sin dueño,
¿de blanco? aquel tres de mayo.

De un amante de Julieta,
Penélope o Lady Di,
sicario de O'Ren Ishii,
¿de niño? sin su galleta.

Del Titanic, de su banda,
Hindenburg y Apolo Uno,
de Niebla del Unamuno,
¿Harry Potter? Sin bufanda.

Portero suplente, en Malta,
amante en Teruel y Pompeya,
de ese tal Pepe botella,
¿Del Challenger? El que salta.

Del que sobra en la patera,
De almacenado en los Arias,
De los celos por becarias,
¿De torero? Chuck no quiera.

Ésto no hay sastre que apañe,
sólo queda por decir,
del nacido pa’ sufrir,
que la fuerza me acompañe...